La fiesta de la democracia.
Encaramos la recta final de la campaña electoral. No quiero pararme en decir quién creo que ha ganando el cara a cara, que para eso ya están los supuestos expertos que analizan aspectos tan importantes como el perfilado de las cejas de ZP o la mirada de Rajoy, dejando de lado algo tan banal como las propuestas políticas - vergonzoso las páginas y minutos que los medios han dedicado a diseccionar el continente en vez del contenido. Quiero hacer incapié en unas declaraciones de Gabriel Elorriaga, secretario de comunicación del Partido Popular, al Financial Times donde lanza la siguiente perla:
"Nuestra estrategia se centra en sembrar dudas en los votantes socialistas [...], sabemos que nunca nos van a votar, pero si logramos crear suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los nacionalismos, quizás se queden en casa".
Vamos, o lo que es lo mismo, para el Pp mejor que los votantes se queden en casa, que a ellos cuantos menos, pues mejor. Me parece que muchos de los dirigentes populares siguen sin entender en qué consiste esto de la democracia, quizás se quedaron en tiempos pretéritos (que no perfectos) en que esto de la voz del pueblo era omitida por unos pocos.
Sin embargo que la izquierda de este país se lo haga mirar, porque aunque la mayoría social les sea favorable, no está a la altura de la capacidad de convocatoria, muy superior, que posee la derecha. Aunque yo soy de la opinión que el voto debería ser obligatorio - más que nada porque muchos murieron por tener derecho a sufragio -, no se puede obligar a nadie, pero que después no se quejen si no les gusta lo que sucede, porque no tendrán ningún derecho moral a hacerlo.
Fmdo.: Jordi.
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