Cualquier tiempo pasado sí fue mejor.
Una cosa es cierta, el modelo de sociedad actual está a punto de sufrir un colapso. Los ciudadanos están sufriendo el desastre de gestión del modelo promulgado por la ideología de izquierdas, o como se tendría que decir, comunista. Un mundo donde todos somos iguales y toda voz tiene que ser escuchada y respetada, sin alguien que enseñe al pueblo como asimilar los mensajes que le llegan, no es una sociedad sana y con vistas al progreso. Es necesaria la figura de un guía que aúna todas las voluntades y que además ofrezca a los ciudadanos la protección que es tan necesaria para poder dormir tranquilos. Vivimos en una sociedad que tolera los elementos radicales, que han visto como si se sube el primer peldaño de la permisividad ideológica, el siguiente, el de la violencia no es penado. Es así como grupos terroristas, amparados por la izquierda, no dudan en utilizar la violencia, primero sobre el estado para coaccionar a los dirigentes, luego sobre el pueblo para crear el miedo y la desesperación. Pero cuando aparece un gobierno fuerte que decide hacer frente a esta situación, a liberar al pueblo, los sectores de izquierda se levantan argumentando que las víctimas son los asesinos, no los muertos. ¡Basta! El modelo de la derecha clásica es el que permite al estado tener la fuerza suficiente, tanto como para acabar con los elementos peligrosos para la sociedad, como para callar a los que opinan lo contrario. Los que mandan al pueblo las ideas de la igualdad y el diálogo no pueden seguir haciéndolo y seguir impunes, porque volveríamos a caer en un círculo vicioso como el que he dejado entrever al principio. Mal que les pese a algunos, nos hace falta una figura de referencia, un faro que nos enseñe a llegar a puerto seguro, en vez de ir de un lado a otro sin saber qué hacemos. Todo esto no es un modelo que la democracia garantice, pero si lo haría un modelo al que no quiero llamar autoritario, lo quiero llamar paternalista, ya que sería como un padre que nos dijese que es lo correcto y no, y que de vez en cuando nos dé un cachete, pero por nuestro bien. Así de bien seguro que seguiríamos todos la misma senda, no nos torceríamos y la meta sería un futuro mejor y más seguro. Por cierto, ¡FELIZ DÍA DE LOS INOCENTES!
Fmdo: Jordi
0 comentarios